3 dic. 2007

De Trompetista a Marino, ¿cuál será su destino?


Coni este año comenzó su etapa de socialización. Salió de su pequeño grupo familiar conformado por papas, abuelos, tíos y primo y se lanzo a la aventura de la escolarización.
Sala de dos turno tarde de un colegio con el que compartimos valores y conceptos educacionales. Laico, privado, descontructivista y pequeño. La experiencia para mi y para mi hija fue positiva y enriquecedora. Su primer paso en este largo camino culminó con una fiesta de fin de año que se materializo en una obra de teatro llamada “De trompetista a Marino, ¿cuál será su destino?”. Los días previos a la obra en casa tratamos de que el ambiente sea los más normal posible para evitar el “estresaso” de actuar sobre un escenario con tan solo 3 años y cuatro meses de edad. Nos salió bastante bien.
El domingo por fin llegó el momento y Coni disfrazada de hormiga salió de casa junto con sus papas. Munidos de filmadora, cámara de fotos y muchos nervios no habíamos caído en la cuenta de lo que este día significaba.
Cuando puse el primer pie en el teatro, Coni ya estaba con su maestra, se me anudo la garganta, me temblaron las piernas y caí en la cuenta de que mi hija no solo estaba creciendo, sino que además lo hacia bien y feliz.
Con el padre nos acomodamos en las respectivas butacas y comenzamos a lagrimear, creo que solo el que es padre puede comprender cabalmente los sentimientos que nos embargaban.
Coni, junto al resto de sus compañeritos, salió al escenario, marchó, jugo con las hojas, se le cayeron un par de veces las antenas y siguió con su actuación. No saque fotos, toda mi atención estaba puesta en disfrutar de ese momento y no llorar para que las lagrimas no enturbiaran la visión de tan magnífico espectáculo.
Así que todos disfrutamos de ese día tan especial y en mi caso en particular disfrute, una vez más, la alegría de ser mama.
Gracias Coni.

2 comentarios:

morkelik dijo...

que lindo! me encanta la mama que sos

no tan iguales dijo...

¡Qué lindo! Me recordaste la primera vez sobre las tablas de la mía: tenía dos años y se suponía que iban a bailar el candombe, jaja. Eran muy chiquitos, ninguno movió más que las manos y la mayoría lloraba. ¡Pero estaba tan linda con su ropa de negrita hecha por mí!
Yo tampoco saqué fotos: no te deja ver en vivo eso que no podés perderte y jamás olvidarás.